Se ha creado cierta alarma con el número reciente de muertos a causa de las estufas de gas, y pocos recuerdan, que la estufa de gas butano se vendió en España a millones, al igual que las botellas de butano, las cocinas con o sin horno e incluso muchos frigoríficos para las zonas rurales donde no llegaba la corriente eléctrica. Las estufas de butano con las cuatro placas de fuego, dieron paso a las denominadas Butaterm, -era la marca que primero las sacó al mercado- ubicada ésta en Navarra, y decían y resultaba verdad que calentaban pero no quemaban, eran las estufas catalíticas de gas butano. El calor se expandía por convección y a través de las moléculas, salvo error mío. Y Cierto que el gas butano desprende CO y su gas, claro está, mata. Al igual que las denominadas estufas de gas camping, también se cobraron sus vidas. Pero en general, el gas butano, ha matado más por explosiones debido a la dejadez de las personas al no pasar las pertinentes revisiones. Salvo en suicidios.
Durante mi niñez y adolescencia, hacíamos bueno el refrán de: “en enero no te separes del brasero”. Dado que la combustión del carbón vegetal expele CO; un gas mortal incoloro, inodoro y venenoso. La sabiduría ancestral y, yo me remito a la labriega en particular, hacía que la cocina, por denominarla de algún modo, se encontrara en el exterior de la vivienda –en el corral- nada más salir de la estancia que hacía de comedor y donde se encontraba una gran chimenea con un tiro tan amplio que se lo tragaba todo e igualmente que, por el mismo entraba cualquier cosa, a la izquierda y protegida por un pequeño techado, allí sobre un gran banco se encontraba instalada una pila de granito, sobre la cual, un servidor vio poner el agua corriente, y a mi pobre madre dejarse los riñones sobre una madera ondulada sobre la que realizaba las coladas, había un gran grifo de metal bruñido conectado a una tubería de plomo. A su lado y a la derecha, habían empotrados dos fogones de hierro forjado, sobre los que se quemaba el carbón vegetal, y encima de los cuales se depositaba la sartén, la olla o las planchas denominadas de carbón, ya que éste resultaba más económico que la luz eléctrica. En mi caso, mi padre y yo, de la gran leñera siempre repleta, debido a las podas de naranjos y árboles frutales o pinos y, que se encontraba unos treinta metros alejada de la cocina y a la intemperie, de vez en tanto nos producíamos nuestro propio carbón vegetal. Cuando llovía y se mojaba la leña, al preguntarle a mi padre porqué la teníamos a la intemperie, el me respondía:
_ “Lo que la lluvia moja, el sol lo seca”. Y así era.
En cualquier caso al llegar el otoño, debajo de la gran bancada que conformaba la cocina, mi padre la aprovisionaba de leña seca e igualmente hacía en el cobertizo del final del corral. Las previsiones de la gente del campo y su cultura.
Divagando sobre el tema del CO y del carbón vegetal, cada mañana, mi madre sacaba afuera el brasero lo llenaba de carbonilla, hacía un hueco sobre ésta para depositar ramitas pequeñas de leña seca y le prendía fuego. Encima del pequeño promontorio por donde comenzaba la combustión, depositaba una pequeña chimenea de latón y, allí en el exterior permanecía hasta pasado el medio día cuando ya el carbón vegetal había expelido todo su CO y, se colocaba dentro de casa sobre un hueco de madera y debajo de la mesa destinada a sus labores. Entonces ya no existía peligro de intoxicación.
Sin embargo, pasados unos años, primero las cocinas “Practic” con una mechas enrollada alrededor de un cilindro que se iba impregnando de petróleo y más tarde el butano, acabaron con las chimeneas de las casas de pueblo y sus braseros, sus fogones de carbón vegetal para guisar y la luz eléctrica, para calentar las planchas.
En pocas palabras, Todo ello fue debido a la salida de la miseria y pobreza hambruna de la post guerra civil la que permitió esos lujos a principios de la década de los sesenta en unos casos y a mitad de la de los cincuenta en otros. Al igual que la proliferación de los frigoríficos, algo que hoy se ve tan normal. Ahora inmersos en una decadente y progresiva depresión económica, me ha alcanzado la memoria todo esto a través de telediarios o de la prensa escrita. No es malo que la gente recuerde, aprenda y sobretodo que prevenga.
Por último decir que los medios de comunicación, en general, hoy en día son como aves de rapiña en busca de la carroña del culpable, sin dar la información de todo lo que se avecina. El gas butano, bien instalado y salvo accidentes e imprudencias, es y ha sido muy seguro, al igual que el brasero sabiamente alimentado con carbón vegetal.
“Volver atrás, siempre resultará muy duro”
Capricho.
General
Últimos comentarios