PANDEMIA O EPIDEMIA
En realidad es lo mismo, pero no todo el pueblo lo sabe, y así, suena más fino o menos peligroso para el entendimiento con menos intelecto. Algo dentro de mi ya dilatada vida, me consuela y reconforta y es que, se están disparando todas las alarmas estatales de nuestro mundo, y se han tomado muchas precauciones. Declarándose el estado de alarma cinco sobre seis. Normalmente, cuando esto ocurre, no ocurre nada, los auténticos desastres llegan, sin que nadie los vea llegar. En cualquier caso, nos queda rezar o ir al hospital.
El eco de la prensa resuena como auténticos cascos del caballo apocalíptico sobre el que cabalga la muerte. Leo incluso, que Estados Unidos, está pensando en cerrar todas las escuelas. Esa resolución aquí en España, y ahora, no resultaría en demasía catastrófica. Entre el absentismo escolar y el paro, la familia podría hacerse cargo de sus retoños, pequeños y mayores y todos con mascarillas, de cara al televisor del afortunado vecino, al que aún no se lo han embargado.
Al menos nos dan una noticia preocupante, caso de cogerse a tiempo no resulta mortal, así pues, el paro seguirá creciendo y el hambre se agudizará entre la población española, de la cual, y salvo para Zapatero y mi paisana María Teresa Fernández de la Vega, no sólo hemos tocado fondo sino que, la recuperación comienza a vislumbrar cierta luz. Lo que no han dicho es a cuántos millones de años luz nos encontramos de ésta. Lo malo es que mienten ambos, pues a reglón seguido, la máxima autoridad del Banco de España, nos dice que la recesión camina para largo y que, los obesos que no se preocupen pues pronto estarán más tiesos en carnes que doña María Teresa.
Reza un refrán que dice: “el que camina con un cojo, al año, cojo y medio” En el caso de la vicepresidenta primera del Gobierno, no acaba de resultar del todo cierto, pues ésta, ya miente más que Zapatero y, a este paso los dos caminaran en parihuelas camino de Lourdes. Lo que no sé, es si será para curar sus extremidades inferiores o por la pandemia del cerdo, aunque éstos lo sean por el de Guijuelo o del más clásico de Jabugo cortijero. De éstos, no hay que preocuparse. Cada vez se consumen menos. De ahí a que exportemos bellotas, alcornoques, encinas y robles. Y cuando pase la epidemia, pues todas acabaron por pasar incluidas las de la Edad Media, dada nuestra gravedad económica, y muy a pesar de la época hambruna, igualmente los exportaremos a ellos. Toda una pena pues con una copita de manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, una tapita de jamón de bellota cortijero, restringido para gente como Zapatero y sus adláteres, sabe a gloria. Y, con un trago de agua del botijo, igualmente.
De momento, nos han dicho que podemos comer cerdo blanco, del engordado con pienso. Del otro, no han comentado nada. ¿Para qué?
Sin embargo igual nos da que se llame “pandemia”, “epidemia” o “gripe porcina”. Ésta, llega en un momento puntual para distraer al pueblo, pues ni con tanto fútbol en abierto, calma los estómagos, los cuales hacen más ruidos que un caserón antiguo de madera. “Porca miseria” es el nombre, nada de pandemias, epidemias o gripes porcinas.
Capricho.
José Pardo nace y convive con la extrema pobreza, pero muy alejado de la miseria. Tras pasar sus primeros años de vida en Bétera, montados en un carro de su abuelo paterno, se traslada con sus padres y hermana, y los pocos enseres con los que contaban, a una finca donde ejercerán como personal doméstico al servicio de unos grandes señores.

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