ENTRE SUEÑOS DELIRANTES (III)
Alcanzada la tan ansiada democracia nos descubrió de manos del ministro de asuntos exteriores, el denostado y burlado señor Morán, la entrada de pleno en la UE. Todo un hito y una quimera, tan sólo unos años atrás
A su vera comenzaron a aparecer acuarios de increíbles dimensiones, cuajados de tiburones de cuellos blancos e inmaculados y caros trajes. Tan sólo necesitaban poseer grandes extensiones de tierras, aunque éstas fuesen simples eriales rodeadas de climas extremos donde ni el romero crecía.
Su misión era la de chupar del chorro de millones de pesetas que fluían desde Europa hacia España y, para ello, bastaba tener un informador fiel dedigno y a comisión en Bruselas. Éste le iba anunciando los vaivenes inminentes de qué se debía de arrancar y qué plantar, en aquellas vastas extensiones de tierras áridas, ya que dentro de nada aparecerían las nuevas subvenciones por arrancar lo recién plantado. Eran nuevos estafadores y muy ricos, que vivían de las ayudas europeas.
Entretanto, seguían las manifestaciones a diario, y el NO a todo, por coherente que fuese. Aquello fue una diminuta instauración que arraigó en el corazón de los españoles, creando a día de hoy, un verdadero monstruo de intolerancia, rabia, odio y deseo de denuncias provechosas en euros ante cualquier eventualidad nimia. La solidaridad social y el respeto han desaparecido, mientras que el estado del “culo veo, culo deseo” se ha instalado en España a todos los niveles, y las primeras no volverán. Tan sólo algunas golondrinas vuelven, tampoco todas, las que sobreviven a uno y mil avatares de su trashumante travesía anual, pero al igual que las perdedoras son reemplazadas por otras y que, a nosotros nos asemejan ser las mismas, igual ocurre con los ladrones y estafadores. Cazan a unos y salen otros, y nuestra tierra siempre posee un pulular continuo de éstos. Al igual que con las golondrinas, a ellas les ocurre lo mismo con las personas, creen ver siempre a las mismas, pero claro, ni saben contar ni distinguir. Cada día son más numerosos los vividores y variopintos.
Sigo con mi febril caminar por la vida, plena de bellos recuerdos y otros alucinantes y amargos. Continuará.
Capricho.
José Pardo nace y convive con la extrema pobreza, pero muy alejado de la miseria. Tras pasar sus primeros años de vida en Bétera, montados en un carro de su abuelo paterno, se traslada con sus padres y hermana, y los pocos enseres con los que contaban, a una finca donde ejercerán como personal doméstico al servicio de unos grandes señores.

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