Ayer fue el día internacional de los derechos del niño/a, y me parece muy bien que haya tantos días de celebraciones para llenar gabinetes, apoyar a ONG y gente que vive del cuento, que no, de los cuentos que debieran leérseles a los niños, del cariño que debiesen recibir, así como de los alimentos que no les llegan a sus boquitas.
En cualquier caso y en el 98 % de los casos, para un servidor que, sin creer que los pájaros maman, creo en el amor de los padres y familiares hacia los niños, igualmente creo en un entorno socio económico, medios de vida y carencia de éstos por parte de sus progenitores y del Estado que los gobierne; para a la postre todo ello definir e influir de un modo poderoso en los derechos del niño.
Ayer pasee, o más bien, caminé por Valencia, plena de ruidos de las máquinas compresoras que destruyen lo que un día no tan lejano se construyó. La feina del matalafer, fer i desfer. Hay que ocupar al desocupado, con su propio dinero, de ese dinero, que al fin, es de todos, pero bien está lo que bien acaba, si acaba algún día. A lo que iba, mientras se camina por una ciudad, que me recuerda el centro neurálgico del Madrid de los finales del 60 y principios del 70, siempre se encuentra un espacio donde fijar la mirada, sin perder de vista dónde pisas y, con quién te cruzas, mientras la mano aprieta una cartera más vacía que el fondo de una guitarra, pero que era la mía y no deseaba perderla.
Arriba en un sexto piso, de una finca de vecinos céntrica, vi una corona de flores con un crespón y, la bandera de España con el águila incluida y bien desplegada al viento. Como camino mal de la vista, supongo que pondría aquellas tres grandes mentiras franquistas: “Una, Grande y Libre”. Ni éramos una, ni grande y mucho menos libres, pero así les escriben la historia a los dictadores para su felicidad y, para que su conciencia se mantenga libre de prejuicios.
Entonces caí en el detalle del día en el que caminaba, hacía treinta y cuatro años que me había tomado una botella de champagne, largo tiempo guardada en el frigorífico. Más tarde, y ya mirando hacia el cielo como los labriegos sin creer en Dios, como decía Enrique Jardiel Poncela, encontré a más nostálgicos. Nada que opinar en contra de éstos, la tolerancia está basada en estos diminutos detalles. Seguí caminando y rumiando que era el aniversario de los derechos del niño y su día universal, así instituido desde 1959.
Ahora cercanos en días a la primera década del siglo XXI, los niños en España poseen y se saben de memoria, todos los derechos que les asiste y, algunos que se inventan desde edades muy tempranas. Incluso, amenazan con denunciar a padres o mayores próximos, si se les insinúa realizar algo que, contradiga a sus infantiles mentes, dentro de lo que interpretan que, es invadir su estado de derechos.
El niño/a o ser humano, posee unos derechos que le son inherentes al nacer. Igual ocurre con la mujer, por ello y desde mi prisma, reclamar algo que se posee es como desear más de lo que se tiene. La mujer desea la igualdad, algo que resulta a la vista que no se tiene con respecto al hombre y viceversa. A un servidor, no se le ocurriría solicitar la igualdad con la mujer, pero sí que ellas posean los mismos derechos que el hombre y recíprocamente al contrario. Sin embargo, no me veo con tetas y con la regla mensual.
Pero todo esto es algo que está establecido, y para mí, asumido desde que poseo uso de razón. Por ello llevo 49 años, camino de los cincuenta con la misma mujer, y teniendo en cuenta que ella es independiente económicamente desde hace muchos años.
Volviendo con los infantes y con sus derechos, los cuales al igual que los de cualquier ser humano en países desarrollados o no, son pisoteados a diario, por muchos días que hayan al año reivindicativos sobre cualquiera de éstos, quiere decir que cuando se demanda algo que se posee, siempre resulta ser porque algo importante falla en la sociedad mundial y en las mentes insanas de demasiados pernoctan tés en nuestro planeta, de éste que a pesar de su malestar nadie desea abandonar antes que el vecino de turno.
Pero hay algo que me llama en demasía la atención, oigo en plétora, hablar de derechos, derechos y más derechos. Cada día amanezco con nuevos derechos para estos y los otros. Sin embargo, ya adulto las obligaciones que la ley primero, y la justicia más tarde nos impondrán, de ello se habla poco, con lo que se alcanza una edad de mayoría, sin preparación para asumir tantas obligaciones que nos demanda la sociedad, apoyada por un gobierno tan totalitario como el de Franco, Mussolini y otro largo número de energúmenos de mentes enfermizas.
De ahí, que un servidor, no olvide recordarles a los niños, al menos a los de nuestra sociedad por cercanía que, al nacer conllevan igualmente unas obligaciones, que yo aprendí en la escuela de aquella época franquista, y que son: AMOR A LOS PADRES, REVERENCIA, OBEDENCIA Y ASISTENCIA.
Y un servidor que, está puesto al día en el tema de la enseñanza por razones de educando consorte, sé que los niños no conocen estas obligaciones para con sus progenitores y, lo que resulta ser peor, no las llevan a la práctica. Sin más comentarios y que, más tarde, cada palo aguante su velamen.
Capricho.
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