MOSCÚ SE TIÑE DE SANGRE
Hay que abandonar la idea de publicitarse en contra de la xenofobia mientras existan más de mil millones de integristas radicales. Darles cobijo equivale a dormir y jugar a la tarara con la muerte.
Por otra parte, éstos, jamás se integrarán entre nosotros y, si a ello, le añadimos que EE.UU, la UE e Israel, llevan años hurgando en un avispero en el mes de agosto a las 14 horas, apaguemos y vámonos.
Por un lado, no debemos acoger al Islam en nuestro seno y, por otro, acosarlo en Oriente Próximo. Lo de Moscú, es una nueva advertencia y una desgracia. Mis condolencias a las víctimas, familiares y al pueblo moscovita. Mi repudio a un credo que apadrina y politiza a una población dentro de varias naciones y países, –caso de confirmarse la auditoría del atentado por islamistas–.
Al unísono, no olvido a las víctimas cotidianas en Iraq. Más de uno, debiera responsabilizarse de semejantes barbaries de una y otra ribera. Entre todos, se está creando una levadura para fermentar una tercera gran conflagración.
Sin embargo, lo que sí poseo claro es que, cohabitar, proteger, ayudar y fomentar – a través de la tolerancia– el credo islamista en un país laico es una estupidez más que le debemos a un falso sentido de las libertades por parte de Zapatero, o del Gobierno.
En España, nos estamos pasando muchos pueblos al consentir la creación de escuelas islamistas o mezquitas y de que, luzcan en todo lo alto su símbolo de la media luna, o paseen por nuestras calles, como por un zoco.
Cada día son más, y entretanto, Zapatero deseando que Turquía se incorpore a la UE. No entiendo nada.
Son días y tiempos de coherencia, respeto mutuo, educación y tolerancia para todos exigibles, pero, no sólo para una parte. El que desee vivir en Occidente, que se amolde a las normas del país correspondiente en TODO, de lo contrario no hay tolerancia ni fariseísmos sobre la xenofobia. Éstos, en sus países lapidarían a muchos de los nuestros.
Nos alcanzan tiempos muy difíciles para soportar que nos vayan inquietando. En mi pueblo –que es muy digno– decimos que, el forastero debe callar e invitar a fumar. Al menos así se decía antaño. Hoy, se piensa igualmente pero se rumia entre dientes. Extraña libertad. Llevamos desde mediados de 1939 hablando en voz baja y, callando lo que pensamos en público. Como mucho, hablamos entre grupos de confianza.
El que se expresa, de modo incontinente como un servidor está haciendo ahora y públicamente –desde mi libertad de pensamiento– es tachado de facha. Aunque uno –caso mío– sea más de izquierdas que Carlos Marx, y más social que los que pululan investidos de socialistas o comunistas por España.
En cualquier caso, decir lo que uno piensa, desde la educación, no es faltar a las normas y, menos cuando se trata de problemas sociopolíticos. Caso de ser así, los niños chicos, estarían en pecado mortal continuamente. Y, desde esta mi página web, el Islam aquí, ahora y entre nosotros no nos beneficia en nada, salvo que abandonen su postura radicalizada, algo impensable. Por lo tanto, ustedes mismos…
Capricho.
José Pardo nace y convive con la extrema pobreza, pero muy alejado de la miseria. Tras pasar sus primeros años de vida en Bétera, montados en un carro de su abuelo paterno, se traslada con sus padres y hermana, y los pocos enseres con los que contaban, a una finca donde ejercerán como personal doméstico al servicio de unos grandes señores.

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