LOS RÍOS Y LA PRENSA
La prensa escrita, desde mis lejanos dieciséis años, se ha convertido en mi vicio favorito. Leer –como mínimo tres periódicos diarios– es mi distracción predilecta. Les doy un vistazo, comenzado por los titulares que más me llaman la atención, para terminar con el paso de las horas del día, por leerme los anuncios. Éstos, siempre me han aportado datos sustanciales sobre la situación económica actual del país.
El personal de donde normalmente los compro, se extraña de que pueda leérmelos todos. Al margen, de que allí, junto al humeante café, leo otro diferente que tienen la amabilidad de dejarme y yo devolverlo antes de marcharme. Éste no lo incluyo. Con él, son cuatro.
A través de los años, han ido apareciendo y eclipsándose muchos diarios de distintas “tendencias”, aunque todas éstas tendenciosas. Como me dijo cierto día el director comercial de un periódico: –Pepe, a nosotros lo único que nos interesa es vender periódicos y, escribimos lo que a nuestros lectores les gusta leer–. Pero, claro está que, es un modo de mentirle al lector generalizado y manipularlo.
Un diario, posee la obligación de bien informar, para a través de ello alcanzar a todos los lectores, incluyendo a los habituales. Lo contrario es malversar las noticias y crear oscurantismo de un modo continuado.
No se puede escribir sobre la derecha o la izquierda siempre mal. Mucho menos desde dentro de un país democrático. Siempre habrá cosas buenas o regulares del signo contrario del que desean aparentar cada medio escrito digno de ser reseñadas. Lo contrario, los convierte en el partido de la oposición y, el cual jamás apoya ni una sola cuestión del oponente por ventajosa que resulte ser para España y los españoles.
Ni hablar de las tertulias televisivas que montan ciertos canales y, a través de éstos, escuchar a ciertos individuos su falsaria verborrea. Un auténtico zoco circense donde todos hablan a la vez. ¡Una vez y no más santo Tomás!
Se me hace extraño sobremanera, que en estos delicados momentos económicos por lo que atraviesa España, que ningún periódico con cierta tendencia hacia la izquierda, diga la auténtica gravedad de nuestra situación. Eso, estimados y ejemplares escritores profesionales, es estar al servicio de una idea preconcebida. Equivocada, a sabiendas de que así resulta, y mentir cual bellacos sin ningún remordimiento.
Durante la vida, más efímera, fugaz y breve de lo que la gente piensa, en su recorrer, nos da muchas lecciones de lo que significa ser un río, algo de lo que debieran ahuyentar de sus mentes los periodistas. La persona, debe poseer una clarividencia razonablemente inteligente para reconocer sus errores ideológicos con gobernantes determinados.
No todo es blanco o negro, –por cierto, dos colores que no existen– ni la derecha más acérrima o la izquierda absoluta. Ambas cosas, llevan a la prensa a perecer por unas ideas que no posee en beneficio de dictatoriales pensamientos. O lo que es peor, en el patrocinio de políticos manifiestamente incompetentes.
“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”. (Cicerón).
Capricho.
José Pardo nace y convive con la extrema pobreza, pero muy alejado de la miseria. Tras pasar sus primeros años de vida en Bétera, montados en un carro de su abuelo paterno, se traslada con sus padres y hermana, y los pocos enseres con los que contaban, a una finca donde ejercerán como personal doméstico al servicio de unos grandes señores.

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