REDI DE PRÁCTICAS
Aprobados los exámenes orales y prácticos con una nota excepcional: Mac Cum Laude. Máxima distinción académica. Le ha llegado la hora de realizar sus prácticas con un invidente o poco menos y, me la han asignado a mí.
Ayer muy pronto, me fui con ella yo portaba unas gafas muy oscuras y un bastoncillo, que otorga la ONCE. REDI, con un arnés del que yo podía sujetarme y con una acreditación para entrar en todas las partes y transportes gratis, incluyendo el “papeo” para ambos, o eso, pensaba ella.
REDI tan hermosa por fuera como por dentro, y con su bondad infinita a cuestas, se ha tornado un tanto intolerable y altanera al alcanzar su nuevo estatus, y poder gozar de tanto poder. Espero que no vaya a más.
Yo debía hacerme el ciego total, algo que no me gustó desde el principio pero, el guión así lo exigía. Llegamos a la parada del autobús de nuestra pequeña comunidad. El guarda de turno, se dirigió a mí con auténtica consternación: ¿Por Dios, señor Pardo, qué le ha pasado?
En realidad sigo igual, pero acompaño a REDI en su primer día de clases prácticas.
Otros vecinos, igualmente se interesaron por mí, no di excesivas explicaciones. Pero el rumor corría como la pólvora:
¡Pobre señor Pardo, se ha quedado ciego, menos mal que tiene a REDI!
¡Menudo consuelo, pensaba yo!
Subimos al autobús y el conductor y cobrador, nos dejó pasar. REDI, se dirigió a un señor sentado en el asiento reservado para ciegos.
¡Por favor, levántese inmediatamente!
Lo siento, usted perdone, y se levantó…
REDI, me ayudó a sentarme, casi me tira al suelo con mis posaderas fuera del asiento. ¡La primera en la frente, pensé!
Se tumbó a mi lado, dejando que su arnés quedase a mi disposición, y se despatarro en el suelo comenzando a sobar y, sin dejar pasar a nadie que no lo realizase por encima de su cuerpo serrano.
Bueno, mal comenzamos la semana me dije, es trece y martes y me llevan a ahorcar…
Al llegar a la parada de Valencia donde íbamos a empalmar con el metropolitano, yo que no mido bien las distancias, debido a la ceguera de un ojo, REDI se bajó rápida y yo la seguí igualmente, tropecé con el borde de la acera y me di un señor sopapo, con toda mi humanidad por el suelo. La gente del autobús bajó para auxiliarme, pero, REDI se lo recriminó.
Les explicó que, yo debía aprender a valerme por mí mismo. Me dejó muy jodido, lastimado, el pantalón sucio y mi camisa blanca hecha una mierda. ¿Cómo puedo ser tan imbécil de fiarme de REDI? Me pregunté, pero, ya REDI tiraba de mi, casi a paso gimnástico.
Me subió al metro, y de nuevo allí, otro numerito. Yo comenzaba a estar de REDI a algo más de, a un metro de distancia del suelo.
Nos bajamos en el centro neurálgico de Valencia y, me introdujo en una cafetería de lujo.
Hora de tomar un tentempié, querido Pepe.
Miré el reloj con disimulo, y faltaba algo para las diez, pero no estaba mal. Veremos cómo quedamos aquí dentro.
Buenos días querido garçón, una mesa cómoda para dos.
No faltaba más, pasen por aquí…, cuidado señor no vaya a tropezar.
¡Alto ahí, tabernero, eso sí que no! Aquí la guía soy yo. Nada de intromisiones.
El camarero se quedó muy jodido, sobre todo por pasar de garçón a tabernero. Pero, le contestó, que así sería.
Tome nota por favor:
Para mí, un café con leche templado, ni muy frío ni caliente. Dos ensaimadas y tres cruasanes bien grandes. Luego, me trae dos huevos fritos con beicon bien crujiente y dos longanizas, con un pan tostadito untado con aceite y sal. Para beber una botella de agua mineral.
¿Tú qué quieres, Pepe?
Tres sobres de tila en una taza con agua hirviendo.
En seguida, señores.
Mientras tomaba mi tila triple, mi mente no paraba de preguntarse, ¿qué hacía yo allí con semejante zoquete? La miraba zamparse el desayuno con gula incontenida, suponiendo ¿qué a aquello, se le pudiese llamar desayuno?
Me vino a la memoria mi primer viaje a Estados Unidos. Yo, un tipo de Bétera, me veía rodeado de rascacielos y no me imaginaba en aquel lugar lejano y de películas. La primer mañana, quise degustar un desayuno de los que veía en el cine, así lo hice, y estuve dos días malo y sin comer. ¿Veríamos cómo acababa REDI, y por qué no, yo…?
¡Vámonos Pepe!
La muy salvaje se lo había acabado todo, y se relamía los bigotes.
¡Antes, habrá que pagar!
¡Pero, qué dices, está todo pagado!
Salimos a la calle, y vino como un rayo a por nosotros el ex garçón seguido por el propietario. ¡Alto ahí, sinvergüenzas, hay que pagar, y son 50 euros!
¡Ah, eso sí que no, está todo pagado por la ONCE!
¿Qué ONCE ni qué leches, a pagar sinvergüenzas?
La gente comenzaba a arremolinarse a nuestro alrededor, cuando llegaron dos policías locales.
¿Qué pasa aquí?
El dueño se dirigió a ambos y les explicó lo ocurrido.
Veamos, perro lazarillo estúpido, una cosa es entrar en lugares públicos, donde se repudia a tu raza, y otra cosa es no pagar. ¡Así pues, a soltar la mosca o a la cárcel los dos!
REDI, se quedó con la boca abierta y con la incredulidad reflejada en sus ojos, pero, con todo, lo peor era la cara bobalicona de verse en ridículo. Me dio pena. Y echando mano a la cartera, todo fue de primera, pagué, dejé dos euros de propina y me disculpé.
Nos fuimos, y le dije:
¡Al metro y a casa, y nada de hacer de guía, aquí mando yo! Cuando lleguemos a casa prepárate sinvergüenza, inútil, prepotente y caduca. Ya te daré yo hierba para comer, y más vale que te calles. Pero, para siempre. Y, aproveché para darle con disimulo una patada en el trasero, andando…
Capricho.
José Pardo nace y convive con la extrema pobreza, pero muy alejado de la miseria. Tras pasar sus primeros años de vida en Bétera, montados en un carro de su abuelo paterno, se traslada con sus padres y hermana, y los pocos enseres con los que contaban, a una finca donde ejercerán como personal doméstico al servicio de unos grandes señores.

Querido Sr. Pardo:
Pobre Redi. Tiene mucha voluntad, pero le falta una pizca de picardia. De todas formas hay que apreciar sus cualidades.
Un fuerte abrazo.
Paco
Querido amigo Paco: Su problema es el equivalente a las personas a las que se les otorga algo de poder y, ya ves, cómo actuan. Esa es la moraleja. Un abrazo, Pepe Pardo.